Sevilla es de esas ciudades que te pegan fuerte. No sé si es el sol que nunca falta, el Guadalquivir que atraviesa todo, o esa mezcla imposible de romano, árabe, barroco y americano que convive sin pelearse. Lo que sí te puedo decir es que entiendo perfectamente por qué los sevillanos están tan orgullosos de su ciudad. Tiene razón de ser ese orgullo.

He vuelto varias veces a Sevilla, casi siempre en tren desde otras ciudades de España, y cada vez descubro algo nuevo. O tal vez no descubro nada nuevo, pero lo veo distinto. Esa es la magia de las ciudades con capas de historia: siempre hay una capa más por rascar.

Cómo llegar (y por qué el tren es tu mejor amigo)

Mirá, podés llegar en avión al aeropuerto SVQ. Hay vuelos desde prácticamente todas las capitales europeas y españolas. De hecho, tengo un video en el canal donde cuento el vuelo que hice desde Múnich y cómo elegir el asiento para ver el Guadalquivir cuando aterrizás. Es un detalle, pero esos detalles hacen la diferencia.

Un dato curioso: cuando llegues al aeropuerto, vas a ver uno o varios Airbus A400M estacionados. Son los aviones militares que Airbus ensambla en Sevilla. Hay toda una historia ahí con una vieja empresa española llamada CASA (Construcciones Aeronáuticas Sociedad Anónima) que terminó siendo parte de Airbus. Muchos de esos trabajadores viven en Triana, un barrio del otro lado del Guadalquivir que te voy a recomendar más adelante.

Pero si me preguntás a mí, la mejor manera de llegar a Sevilla es en tren. El primer corredor de alta velocidad en España fue Madrid-Sevilla, inaugurado para los 500 años del descubrimiento de América. Desde Madrid son 2 horas y media. Desde Barcelona, 5 horas y media. Desde Valencia, algo más de 4 horas. Y lo mejor: hay un montón de operadoras (Renfe, Avlo, Iryo, Ouigo) que compiten entre ellas, así que los billetes pueden ser muy baratos si los buscás con tiempo.

¿Por qué insisto tanto con el tren? Porque es cómodo, rápido, te deja en el centro (estación Santa Justa), y desde ahí podés alquilar un auto si querés moverte por Andalucía. La mayoría de las veces que fui a Sevilla lo hice en tren, y nunca me arrepentí.

La Plaza de España: donde España abraza a América

Arranco por acá porque es, literalmente, donde yo arrancaría si volviera mañana a Sevilla. Dicen que es la plaza más bonita de España, y no es exageración. Fue construida para la Exposición Iberoamericana de 1929 y tiene una forma semicircular que simboliza el abrazo de España a los países iberoamericanos. Esa intención está en cada detalle.

Tiene un canal de agua de más de 500 metros donde podés navegar en barquitos, cuatro puentes que representan los antiguos reinos de España (Castilla, Aragón, Navarra y León), y lo que más me gusta: 48 bancos decorados con azulejos temáticos de cada provincia española. Faltan dos (Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife) porque cuando la construyeron, Canarias era una sola provincia.

Vale la pena hacer todo el recorrido semicircular, leer las escenas históricas de cada provincia. Mi perro eligió Almería, así que nos quedamos tomando sol ahí un buen rato. Y hablando de sol: Andalucía tiene más de 300 días de sol al año. Siempre podés disfrutar de solcito, en cualquier época.

Además, siempre hay flamenco. Debajo de algún puente vas a encontrar un grupito tocando y bailando. Y lo mejor de todo: es gratis. Abierto a todo el mundo. Una de las pocas cosas que podés hacer gratis en Sevilla, así que aprovechá.

La Maestranza: más allá del debate

La plaza de toros de la Real Maestranza está sobre el Guadalquivir, en pleno centro. Sé que mucha gente está en contra de la actividad taurina, y lo entiendo perfectamente. Es maltrato animal, no hay vuelta que darle. Pero a mí me interesa la parte histórica y artística.

Cuando visitás la Maestranza, ves cuadros, pósters, los vestuarios de los toreros, el lugar donde rezan antes de salir. Hay algo en la masculinidad del torero —las poses, los gestos, las expresiones— que creo que se filtra en la sociedad española. Es parte de la cultura, para bien o para mal. Espero que nadie se ofenda con lo que digo, pero me parece que hay que mirarlo con contexto histórico.

Si no tenés nada en contra, te recomiendo visitarla. Está impecable.

El Guadalquivir y la huella americana

El río está en todos lados. Lo ves cuando aterrizás (si elegiste bien el asiento), lo cruzás para ir a Triana, lo sentís cuando caminás por el centro. Y tiene mucho que ver con la historia de Sevilla y América.

Aunque Cristóbal Colón no salió de Sevilla (salió del puerto de Palos, cerca de Huelva), sí regresó por el Guadalquivir. Las primeras expediciones a América se gestionaron desde acá porque el reino de Castilla de los Reyes Católicos estaba en Sevilla. Por eso vas a ver monumentos a Colón, calles con nombres de descubridores, y el Archivo General de Indias frente a la Catedral.

El archivo tiene alrededor de 80 millones de páginas de documentos del siglo XV al XIX. Hay documentos de Colón, Pizarro, Hernán Cortés. Desde Sevilla se gestionaba todo: barcos, mercancías, impuestos, pasajeros, cartografía. Pero te voy a ser sincero: el archivo decepciona un poco. Está declarado Patrimonio de la Humanidad, pero lo único que ves son estantes con archivos cerrados. Con tanta información, podrían hacer algo más interesante. Eso sí, es gratis, te lleva 30 minutos como mucho, y tiene una vista bonita de la plaza de la Catedral.

Con el tiempo, el Guadalquivir se fue llenando de sedimentos y los galeones dejaron de poder circular. Ahí toda la operación se trasladó a Cádiz, y Sevilla perdió protagonismo. Pero esa huella americana quedó para siempre.

La Catedral y la Giralda: lo que no te podés perder

La Catedral de Sevilla es la catedral gótica más grande del mundo. Está construida encima de lo que era la mezquita mayor durante el periodo andalusí. A diferencia de Córdoba (donde la mezquita se conservó y se metió una catedral adentro), acá tiraron todo abajo. Solo dejaron el minarete, que se convirtió en campanario: la Giralda.

La Giralda es omnipresente. No te vas a cansar de verla: al amanecer, al mediodía, al atardecer, de noche toda iluminada. Es preciosa desde cualquier ángulo, y la vas a disfrutar aunque no compres entrada para entrar a la Catedral.

Pero si podés, entrá. Necesitás comprar el ticket con anticipación porque hay mucha gente. Ahí está enterrado Cristóbal Colón (que nació en Génova, por cierto). La dimensión de la Catedral es impresionante. Abarca una manzana entera.

El Real Alcázar: el mudejar en su máxima expresión

Acá también necesitás entrada anticipada. A mí me pasó que llegué un domingo y el único ticket disponible era a las 9 de la mañana. Pero valió la pena.

El Alcázar es uno de los ejemplos más impresionantes de arquitectura mudéjar en el mundo. El estilo mudéjar surge de la convivencia de musulmanes, cristianos y judíos en la Península Ibérica. Es un estilo exclusivo de acá: yesería, azulejos, arcos de herradura, techos de ocho puntas.

Originalmente fue una fortaleza árabe del siglo X. Después de la reconquista, los monarcas cristianos lo ampliaron y modificaron. Fue residencia de califas musulmanes y de reyes cristianos. Hoy en día, hay una habitación que usan los reyes de España cuando visitan Sevilla (necesitás un ticket aparte para verla).

Es enorme. Reservate 2 horas como mínimo. A mí me impactaron dos lugares:

El Salón de los Embajadores, con esa cúpula dorada espectacular que simboliza el universo y la armonía cósmica. Lo curioso es que lo hizo el rey Pedro de Castilla después de la reconquista, pero siguiendo el estilo árabe. ¿Por qué? Porque apreciaban la estética islámica, y porque la mayoría de los artesanos eran mudéjares.

Y el Patio de las Doncellas, el típico patio rectangular árabe con agua corriendo por canales, una piscina central rodeada de naranjos, yesería tallada a mano, azulejos geométricos, columnas, arcos de herradura. Precioso.

La ventaja de ir temprano (cuando abren) o tarde (último turno) es que hay menos gente y lo disfrutás más tranquilo.

Dos cosas más: en el primer piso hay una exposición de cerámica muy completa. La cerámica en Sevilla es todo un tema. Viene de los romanos (que hacían ánforas para transportar aceite y vino), pasó por la época islámica (decoración de mezquitas), y durante el siglo de oro se exportaba a las colonias americanas. Hoy sigue siendo importantísima, sobre todo en Triana.

Y antes de irte, visitá la tienda del Alcázar. Es la primera vez que recomiendo una tienda en un video, pero me encantó. Tienen productos modernos de uso diario pero con estilo mudéjar. Una idea fantástica.

Dónde dormir: Santa Cruz o Triana

Yo me alojé en el barrio de Santa Cruz, que es el barrio del Alcázar. Es como retroceder cinco siglos. Tenés la sensación de que en cualquier momento te encontrás con Pizarro o Colón en la esquina. Originalmente era la judería, hasta que expulsaron a los judíos durante la reconquista. Después quedó abandonado hasta que lo restauraron para la feria iberoamericana de 1929.

Yo estuve en un Airbnb muy bonito, moderno, pero las tuberías... bueno, tenían un poco de olor. Imaginá cuánta historia pasó por esas tuberías. Vas a encontrar bastantes alojamientos en Santa Cruz, aunque no son los más económicos.

Algo más económico es Triana, el barrio del otro lado del Guadalquivir. Es barrio barrio: vas a ver las peñas del Sevilla y del Betis, iglesias, tiendas de artículos para procesiones. Es un barrio muy católico y tradicional. El nombre viene de Rodrigo de Triana, la primera persona en avistar tierra en la expedición de Colón un 12 de octubre.

Ahí vivía mucha gente que trabajaba en la fábrica de aviones y en la fábrica de cerámica. Hay buenos restaurantes. Recomendado para alojarte o, al menos, para visitarlo.

Qué comer (y dónde)

Vas a encontrar los clásicos de la gastronomía andaluza: gazpacho, salmorejo (más de verano, pero siempre hay solcito), pescadito frito con boquerones, choco, calamares. Hay una tortilla de calamares que me encanta y que solo la he comido en Andalucía. Tapas en general, siempre acompañadas de un tinto de verano si hay sol. Y si no hay sol, también.

Pero Sevilla es bastante cosmopolita, así que vas a encontrar gastronomía de todo el mundo. En el mapa que dejo en la descripción están todos los lugares que visité, incluido un restaurante muy bueno en Triana y dos o tres en Santa Cruz.

Mi recomendación final

Si tenés tiempo, subí a las Setas de Sevilla al atardecer. Es un monumento moderno donde podés tener una panorámica de la ciudad. No es histórico, pero si tenés tiempo, vale la pena.

Y si no lo tenés, no importa. Sevilla se disfruta caminando, perdiéndote, dejándote sorprender. Comprá los tickets del Alcázar y la Catedral con anticipación, elegí bien tu barrio, y dejate llevar por esa ciudad que tiene un color especial. Los hermanos Del Río tenían razón.