Hoy te voy a contar de una excursión que hice al Tirol, esa región que atraviesa fronteras entre Austria e Italia, donde lo alpino se mezcla con lo imperial y donde las tradiciones siguen vivas de una manera que casi no creía posible. Salimos desde Munich bien temprano, con dos cosas esenciales en la mochila: paraguas y pasaporte. Sí, paraguas, porque el tiempo en el Tirol es tan inestable que ni siquiera Peta Radar —la app del tiempo que uso acá en Alemania y que es la más precisa— pudo predecir todas las nubes. Y pasaporte porque últimamente, cuando cruzás a Austria, suelen haber controles al regreso.

Esta vez me fui con mis amigos de Bayern a medida, con los que ya hice otras excursiones —la Selva Negra, los castillos del Rey Loco— porque la verdad es que para llegar a los pueblitos tiroleses o te vas en una excursión organizada o te alquilás tu propio coche, comprás la viñeta para Austria y los recorrés por tu cuenta. Yo preferí ir con guía esta vez, y la verdad es que valió la pena.

Un poco de historia antes de arrancar

Antes de meternos en los pueblos y las montañas, déjame contarte un poco de contexto porque todo lo que vas a ver después tiene sentido cuando entendés la historia. El nombre "Tirol" viene del Castillo del Tirol, que está en Merano, del lado italiano. El castillo fue utilizado por los condes del Tirol, una familia que gobernó la región a partir del siglo XI. Pero después, en 1363, el condado pasó a manos de los Habsburgo, esa dinastía de la que hablé tanto en el video de Viena.

El emperador Maximiliano I, del que voy a hablar mucho más adelante cuando lleguemos a Innsbruck, le dio una relevancia enorme a la región. Decidió trasladar la capital a Innsbruck y mucho del patrimonio que vas a ver hoy viene gracias a él: el famoso tejado dorado, la Hofkirche donde está su tumba (aunque no su cuerpo, ya te cuento), el Palacio Imperial.

También hubo una ocupación bávara del Tirol. Durante las guerras napoleónicas, la zona le fue entregada a la monarquía de Baviera en un pacto con Napoleón. Pero los nuevos gobernantes bávaros intentaron imponer reglas que no funcionaron, la gente se reveló y la corona de Baviera perdió el Tirol. ¿Se acuerdan del Rey Loco del que hablé en el video de los castillos? Bueno, es la misma familia. Se dice que dejaron mucho en lo creativo, pero sus decisiones políticas y militares no fueron las mejores.

¿Por qué te cuento todo esto? Porque cuando llegues a Innsbruck vas a ver un trampolín de esquí espectacular que prácticamente lo ves desde toda la ciudad. En esa colina donde está el trampolín ocurrió una de las batallas más importantes entre bávaros y tiroleses. Siempre todo tiene que ver con todo.

Finalmente, después de la Primera Guerra Mundial, con la derrota del Imperio Austrohúngaro, a través del Tratado de Saint-Germain, la región del Tirol del Sur fue anexada a Italia (lo que hoy es Alto Adige, Bolzano, Trento) y la del Norte y Este quedó para Austria, tal cual como lo conocemos hoy.

El camino: de Munich al corazón del Tirol

Salimos desde Munich a 570 metros de altura. Acordate de este dato porque va a ser importante más adelante. A medida que nos alejamos de Munich, el paisaje se va volviendo más y más verde, más tradicional. Empezás a ver las famosas Bauernhäuser, las casas de campo bávaras con fachadas de madera, balcones preponderantes llenos de flores en verano. La estética está muy cuidada, y no es casualidad: en los pueblos de Baviera hay muchas limitaciones al construir. Hay que respetar el estilo original, y si estás reformando una casa vieja, hay muchas cosas que no podés modificar, como el famoso balconcito bávaro.

Además, al haber sido una zona agrícola durante tantos años, hay muchos terrenos que están habilitados solo para explotación comercial y no se pueden reconvertir a vivienda. Por eso ves tanto espacio, tanto verde, un campo tan cuidado.

Pasamos por Tegernsee, uno de los lagos más famosos de Baviera, donde viven muchos famosos. Y empezás a ver también en estas fachadas bávaras pinturas muy vívidas. Esta es una técnica que se llama Lüftlmalerei, que te voy a contar más adelante cuando visitemos Mittenwald, un pueblo que es prácticamente una sala de exposiciones de esta técnica.

Algo que me parece muy divertido de esta zona es que muchos apellidos familiares tienen el nombre del oficio de la familia. Müller, por ejemplo, significa "molinero" —pensá en Thomas Müller, el jugador del Bayern Munich. Schumacher, "zapatero" —Michael Schumacher, el corredor de Fórmula 1. Fischer, "pescador" —Helene Fischer, la cantante. Becker, "panadero" —Boris Becker, el tenista. Yo sería Matías Hacevídeos, supongo.

Achensee: el mar del Tirol

Cruzamos a Austria y llegamos al Tirol. La primera parada fue en Achensee, un lago precioso rodeado de montañas. Le llaman "el mar del Tirol", y creo que es el lago más grande del Tirol. Se pueden hacer deportes acuáticos, hay una excursión lacustre. Para mí es uno de los lugares más emblemáticos de esta estética tirolesa. Pero la próxima parada fue todavía mejor.

Alpbach: el pueblo más bonito de Austria

Yo pensé que pueblitos como Alpbach ya no existían más, si te soy sincero. Tiene el premio a la ciudad más bonita de Austria, y lo entiendo realmente porque está muy bien cuidado y, además, está intacto, como en las viejas épocas. Ahora estábamos a 900 metros de altura —¿te acordás que salimos a 570 desde Munich?

Acá te recomiendo que vayas a ver la iglesia de San Osvaldo. Existe registro de esta iglesia desde 1369, pero eso no significa que se haya construido en esa época. Lo que sí se sabe es que fue construida alrededor de 1420 con un estilo gótico, pero hacia 1720 se le dio todo un aspecto barroco. Entrá porque es preciosa. Es chiquitita, pero llena de frescos, con un órgano, el altar muy bonito. Una joyita del Tirol.

Y no dejes de visitar el cementerio detrás de la iglesia. Está también muy cuidado, con cruces de hierro y los nombres. En la salida de la iglesia vas a ver también un monumento con todos los nombres de los caídos en las guerras. Esto se ve mucho en los pueblos de Baviera y el Tirol.

Precioso, la verdad. Imperdible este pueblito.

Innsbruck: la capital del Tirol

Seguimos por la autopista que va a Brennero, el cruce con Italia, en dirección a Innsbruck. El nombre significa literalmente "sobre el río Inn" —el mismo río del que hablé en el video de Salzburgo. Si bien el casco antiguo es chico, la ciudad es grande: unos 130.000 habitantes. Es una ciudad que reclama un poco ser la capital del Tirol, ¿no? No solo Maximiliano I le dio esa importancia, sino que también sucedieron dos Juegos Olímpicos de invierno. Es la ciudad más grande de la región, tiene aeropuerto —un aeropuerto que no es nada fácil de aterrizar porque los pilotos necesitan una formación especial. Pensá que es una ciudad que está sobre el valle, rodeada de montañas.

Vas a ver el trampolín de saltos, que es espectacular. Está sobre esa colina que se llama Bergisel, donde se enfrentaron bávaros y tiroleses. Hoy tienen el trampolín hecho por una arquitecta muy reconocida angloiraquí que se llama Zaha Hadid. Podés ver más obras de ella también en la ciudad de Innsbruck: hay una estación de metro medio futurista que localmente le llaman "la tortuga", inspirada en los glaciares.

¿Por qué insisto tanto con el trampolín? Porque para mí es algo que define muy bien a los tiroleses: esta actitud de salir a la montaña, de hacer deporte, esquiar, trekking en el verano. Te cuento una historia: tengo un amigo del Tirol italiano, de Bolzano, que iba al colegio esquiando. Vivía en la zona alta de Bolzano y bajaba esquiando a la escuela. Supongo que la subida costaba más, pero es un ejemplo de cómo en esta zona la gente disfruta mucho de la naturaleza, viven muy conectados con ella.

En esa estación de metro que te dije, fácilmente te podés encontrar en invierno con gente con el mono de esquí y los esquíes. También hay teleféricos que te suben arriba del valle para tener una vista más panorámica. Te voy a dejar en la descripción un lugar que es un bar y tiene una vista 360°. Subís en ascensor unos cinco pisos y tenés una vista 360° de la ciudad.

Qué ver en Innsbruck

Esta es la parada más larga de la excursión, tenés casi dos horas, así que tenés tiempo para comer y para visitar la ciudad. Te voy a recomendar tres cosas.

Primero, el Tejado de Oro. Apenas llegues, andá a ver el famoso tejadito de oro de Maximiliano I, el Goldenes Dachl. La gente va toda para ese lugar a sacar la foto porque es uno de los iconos de la ciudad.

Segundo, el Palacio de Hofburg. Podés ver el palacio de la monarquía, donde vivía Maximiliano I. Muy bonito, muy referencial al tipo de arquitectura del Imperio Austrohúngaro.

Tercero, y esto es lo más especial: en la iglesia Hofkirche, a escasos metros del Palacio de Hofburg, está la tumba de Maximiliano I. Pero el cuerpo no está. El cuerpo está enterrado en las afueras de Viena. Es un cenotafio, un monumento vacío. Él quiso ser recordado de esta manera, lo planificó así: una tumba rodeada de 28 estatuas de bronce que representan a sus antepasados, héroes y personajes históricos de la época.

Pero acá viene mi recomendación: no entres directamente en la iglesia. Al lado de la iglesia está el Museo de la Cultura Tirolesa (Tiroler Volkskunstmuseum en alemán). Es una puertita chiquitita, no dice mucho, pero la exposición es espectacular. Es sobre la vida tirolesa, cómo era la vida tirolesa en aquellos tiempos. Y además —esto yo no lo sabía—, desde ahí, desde la exposición, hay una puertita que se abre automáticamente y te lleva a la iglesia. Por lo tanto, si vas al museo, solo comprás la entrada del museo. No hace falta que compres la entrada de la iglesia porque cuando se abre la puertita y cruzás, lo que vas a tener es una vista aérea de la tumba de Maximiliano I, las estatuas, todo. Para mí es suficiente.

Por qué me gustó tanto el museo

Este es un video del Tirol, estamos haciendo una excursión al Tirol, y poder tener un contacto con cómo era la cultura tirolesa me pareció muy interesante. Te voy a contar tres cosas que me gustaron mucho de la exposición.

Los trajes tradicionales. Tienen una colección increíble. Los trajes que se utilizaban para festividades definían un poco el lugar de donde venías, porque dentro del Tirol distintas regiones tenían distintos detalles. También representaban tus creencias religiosas, tu estatus social, y había toda una industria no solo de hacer los trajes, sino también de producir las fotos. En esta primera sala de la exposición ves la cámara de fotos, la sala de revelados, los fondos que utilizaban para hacer estas fotos. Me pareció fantástico.

La incertidumbre de la vida. La próxima sala te lleva a una exposición increíble sobre esto. En siglos pasados, la vida era una batalla constante contra lo desconocido. Desde antes de nacer hasta mucho después de morir, todo estaba rodeado de incertidumbre: enfermedades, muerte súbita, magia negra, el juicio final. Por eso la gente recurría a oraciones, bendiciones, objetos protectores como sapos (símbolo de fertilidad), colgantes que se usaban para proteger a las embarazadas. Vas a ver ropita de bebé, cunas, piedras, talismanes, bolas con pinchos que ponían cerca de la cama de los bebés, todo para proteger el hogar, los animales, los cultivos. Es como una superstición, pero en aquel tiempo eran el escudo invisible contra un mundo lleno de riesgos. Constantemente hay un audio en la sala de gente rezando que te pone la piel de gallina, realmente.

Interiores de viejas casas tirolesas. Otra de las cosas que me gustó muchísimo. Reconstruyeron a la perfección los interiores de las casas donde abunda la madera. Eran espacios cerrados donde casi transcurría toda la vida cotidiana. Hacía mucho frío. Fijate en los detalles: las mesas con las iniciales talladas, muchas con el IHS (el cristograma, una abreviatura simbólica del nombre de Jesucristo). Las estufas de cerámica grandes, blancas, ahí en el corazón de la casa, tanto por el calor como por su valor decorativo. Todo estaba pensado para conservar el calor: los pisos, las paredes revestidas de madera, techos bajos. Le daba un ambiente de calidez, pero también lo volvía muy oscuro y cerrado, casi sin luz natural, ventanas chiquitas. Los pisos de madera hasta crujen cuando caminás. Están muy bien representados estos espacios. Pensá que más que casas eran un refugio hecho para resistir el invierno.

Entre la sala de las supersticiones y la de las casas tradicionales está esa puertita que se abre automáticamente cuando te acercás y pasás a la iglesia. Muy bien pensado.

Mittenwald: un pueblo pintado

Dejamos Innsbruck y ya vamos regresando, pero por el otro lado. Antes de llegar a Garmisch-Partenkirchen, la última parada fue en Mittenwald. ¿Te acordás las pinturas que te conté al comienzo del video cuando pasamos por Tegernsee? Bueno, en Mittenwald están por todos lados. Es increíble. El pueblo es una pintura en sí mismo.

Lüftlmalerei en alemán significa "pintura" (Malerei), y Lüftl era el nombre de quien inventó este proceso que consiste en embeber el material antes de aplicar la pintura. Entonces la pintura se vuelve mucho más resistente al frío del invierno y queda con estos colores muy vivos. Las pinturas hasta tienen cierta profundidad por la viveza de los colores.

Vas a ver motivos religiosos, motivos de oficios. Es un cierre muy lindo para la excursión. Prepará la cámara porque te vas a cansar de hacer fotos. Hacé fotitos de las inscripciones que hay en las fachadas, subílas a ChatGPT y pedile que te las traduzca. Muchas veces son frases u oraciones religiosas, a veces es información práctica, como carteles en las puertas de la casa que dicen "Acá vive Müller y acá vive Fischer".

El pueblito está impecable. Ya estamos en Baviera —no lo dije, pero volvimos cuando salimos de Innsbruck. Hicimos un recorrido de regreso distinto, no por donde vinimos. Entramos en Baviera, paramos en Mittenwald, caminamos para ver todas estas fachadas con pinturas Lüftlmalerei, y luego arrancamos el regreso a Munich pasando por Garmisch-Partenkirchen, también una zona de montaña, tal vez la más conocida en Baviera.

Consejos finales para tu viaje al Tirol

Te voy a dar algunos consejos que te pueden llegar a ser útiles:

Llevate un paraguas. Ni la app del tiempo que uso en Alemania fue capaz de predecir las nubes en el Tirol. Es realmente muy inestable. Tal vez son 10 minutitos de lluvia, pero si estás en la calle y te enganchan, te vas a mojar.

Pasaporte. Ya te lo dije, pero lo repito: últimamente hay controles al regreso.

Atención con los teléfonos. Dos cosas: uno, tengan en cuenta que están cruzando Austria, por lo tanto, si tenés un paquete de datos para Alemania, tendrías que actualizarlo para Austria si querés tener internet. Y tené cuidado con la batería: al estar entre zonas de montaña, el teléfono hace un esfuerzo para mantener la conectividad, por lo tanto la batería se desgasta muy rápido. Llevate una batería extra o simplemente controlálo. Activás los datos cuando estás en los pueblos, pero cuando estás viajando los desactivás.

Antes de terminar, dos agradecimientos: uno, a Bayern a medida por haberme invitado de nuevo. Dos, a Óscar, el guía, un crack que me llevó y me mostró los mejores ángulos para filmar. Muchísimas gracias.

Mi recomendación final: si estás en Munich y querés escaparte un día al Tirol, hacelo. Es un viaje que vale la pena, no solo por los paisajes —que son espectaculares—, sino por esa conexión con la cultura tirolesa que todavía está viva. El Museo de la Cultura Tirolesa en Innsbruck es imperdible, y Mittenwald es uno de esos pueblos que parecen sacados de un cuento. No te lo pierdas.