Volver a Florencia en auto después de haber recibido una multa de más de 80 euros fue, digamos, una experiencia que me obligó a hacer las cosas bien esta vez. Y lo logré. Sin multas, sin estrés, y encima descubrí una forma de recorrer Florencia que me gustó mucho más que la primera vez. Si estás pensando en ir a Florencia con tu auto alquilado o propio, este post te va a ahorrar dinero y dolores de cabeza.

El problema de las ZTL: una trampa invisible para turistas

Florencia tiene un sistema que se llama ZTL (Zona de Tráfico Limitado), y básicamente son barreras invisibles que solo podés cruzar si tenés autorización previa y pagaste un permiso. El tema es que estas barreras no están bien señalizadas. Prácticamente no te das cuenta de que estás entrando a una zona prohibida hasta que, meses después, te llega una multa a tu casa. A mí me pasó la primera vez, y no fue una experiencia agradable.

La solución que encontré esta vez fue simple: buscar un parking que gestione directamente el permiso de la ZTL por vos. Así evitás todo el quilombo de registrar tu matrícula, hacer el pago dentro de las 24 horas, y rezar para que lo hayas hecho bien.

El parking que te salva: Garage Lungarno

Yo venía del sur (que puede ser tu caso si llegás desde Roma), y reservé con un día de anticipación una plaza en el Garage Lungarno. Este parking está a 100 metros del Ponte Vecchio, al lado del río Arno, y lo más importante: ellos se encargan de todo el tema de la ZTL.

¿Cómo funciona? Cuando hacés la reserva, ponés el número de tu matrícula. Si es un auto alquilado, sacale una foto a la chapa así la tenés en el celular cuando vayas a reservar. Una vez que dejás el auto en el garage, ellos automáticamente registran tu matrícula y envían el pago a la comuna. Vos no tenés que hacer nada más.

El precio ronda los 35 euros por día completo. Yo estuve menos de 4 horas y pagué 25 euros. Es caro, sí, pero es lo que cuesta aparcar en el centro histórico de cualquier ciudad italiana importante. En Venecia nos pasó lo mismo, precios muy parecidos.

Un detalle importante: cuando entres al parking no te asustes. Es un Tetris. Literalmente apilan los autos uno arriba del otro con plataformas mecánicas. Vos dejás el auto en la entrada, le das las llaves al encargado, y ellos se encargan de maniobrar. No intentes entrar vos porque es imposible.

Por qué no querés manejar por el centro de Florencia

Independientemente de la ZTL, manejar por el centro histórico de Florencia es un estrés innecesario. Las calles son angostísimas, hay pilotes que se levantan y se bajan (nunca entiendo cuándo están arriba o abajo), y está lleno de gente caminando. La gente va mirando el Duomo, el Palazzo Pitti, la Piazza della Signoria. Es normal, es lo que hacemos todos cuando somos turistas. No es un lugar para andar en auto.

Así que mi recomendación es clara: dejá el auto en un lugar seguro y recorré Florencia a pie. Y ahora te cuento el recorrido que hice, que me pareció mucho más interesante que el típico circuito turístico.

El recorrido que te recomiendo: la Florencia elegante y auténtica

Una vez que dejás el auto en el Garage Lungarno, no vayas directo al Ponte Vecchio como hacen todos. Andá primero al Ponte Santa Trinita, que está a unos 100 metros río arriba. Es uno de los puentes más elegantes de Florencia, reconstruido piedra por piedra después de la Segunda Guerra Mundial. Y acá va el detalle que vale oro: desde el Ponte Santa Trinita tenés las mejores vistas del Ponte Vecchio.

Porque la verdad es que atravesar el Ponte Vecchio no es lo más lindo. Está lleno de joyerías y negocios de lujo, y no ves mucho más que vidrieras. Lo más bonito del Ponte Vecchio es verlo de lejos. Es el puente habitado más antiguo de Europa, y verlo desde el Ponte Santa Trinita es una postal perfecta.

Los palacios de las familias nobles florentinas

Una vez que cruzás el Ponte Santa Trinita, llegás a la Piazza Santa Trinita, donde está la basílica del mismo nombre. Ahí están enterradas muchas de las familias nobles florentinas. Y enfrente tenés el Palazzo Spini Feroni, que hoy es la sede del museo Ferragamo (la marca de calzado). Es un palacio medieval impresionante.

En esa placita, que es micro, hay un monumento a uno de los Medici. Sentate ahí un rato a mirar pasar a la gente. Una de las cosas más lindas de Italia es eso: sentarse a mirar a la gente pasar. No subestimes ese momento.

Después seguí caminando por Via Tornabuoni, que es la calle más elegante de Florencia. Ahí vas a ver las casas de Gucci, Prada, Bulgari, Vuitton. Pero además de las tiendas de lujo, están los palacios: el Palazzo Strozzi, el Palazzo Davanzati, el Palazzo Antinori. Están todos uno al lado del otro.

El Palazzo Strozzi fue la respuesta de los Strozzi al poder de los Medici. Una residencia renacentista con un patio espectacular. Hoy es un centro de exposiciones de arte contemporáneo. Si querés entrar, necesitás comprar entradas con anticipación. Esto es importante: antes de ir a Florencia, investigá qué querés hacer, mirá los horarios, comprá las entradas online. Algunos lugares abren solo al mediodía, otros están cerrados los domingos. No vayas a la deriva porque al final no vas a entrar a ningún lado.

Un Negroni en el bar donde se inventó

De camino al Palazzo Strozzi, vas a pasar por un bar chiquitito que se llama Bar Giacosa 1815. Ahí se inventó el Negroni en 1919. Ese trago que es una mezcla de ginebra, Campari y vermut rojo. Fuerte, intenso. A mí me encanta, pero no es para todos los días. Si ya es hora de aperitivo, ¿por qué no? Es un lugar histórico y vale la pena parar.

Después seguí hasta el Palazzo Antinori. Cuando yo fui estaba cerrado, pero sé que adentro hay una bodega. La familia Antinori lleva más de 600 años elaborando vino en la Toscana. Ahí podés probar un Chianti auténtico. Si te interesa el tema del vino, tengo otro video en el canal sobre cómo visitar las bodegas en la Toscana.

Justo enfrente al Palazzo Antinori está la Chiesa di Santi Michele e Gaetano, una joya del siglo XVII promovida por el cardenal Carlos de Medici (que era hijo extramatrimonial del gran duque Fernando I). Es una iglesia más sencilla comparada con el Duomo, pero tiene el escudo de los Medici en la parte alta. Si vas un domingo, es probable que veas la misa. Es una iglesia en actividad, pero preciosa.

Un panini y a mirar pasar florentinos

Seguí caminando por Via Tornabuoni y vas a llegar al Café Procacci, que tiene mesitas afuera en la calle. Es muy conocido por los panini chiquititos: de tartufo, de salmón, muy buenos. Pedite un cafecito o un vermut, un aperitivo, y sentate ahí a ver la gente pasar.

Florencia es una ciudad muy elegante, y por esa calle vas a ver pasar tanto turistas como florentinos. Es fácil distinguirlos. Los florentinos tienen una elegancia en la manera de vestir que es inconfundible. Es uno de esos placeres simples que hacen que un viaje valga la pena.

Palazzo Davanzati: la vida doméstica en el siglo XIV

La última parada antes de volver al río es el Palazzo Davanzati. Este me gusta por su sencillez dentro de la opulencia de aquellos tiempos. Es una casa de comerciantes del medioevo, pero está impecable: el mobiliario, las paredes, todo está de época. Frescos, detalles de la vida cotidiana. Es como entrar en una cápsula del tiempo.

También hay que sacar entradas y no abre todos los días, así que chequeá antes de ir.

Volver al parking sin estrés

Una vez que terminás el recorrido, ya estás prácticamente sobre el río Arno. Podés volver al parking atravesando el Ponte Vecchio (ahora sí), o por el Ponte Santa Trinita. Si cruzás el Ponte Santa Trinita de nuevo, no te olvides de mirar para atrás: vas a ver el Palazzo Ferragamo, que es enorme, casi una manzana completa. También perteneció a los Medici.

Este recorrido te da una Florencia un poco más tranquila, más elegante, y más auténtica. Después, si querés ir al Duomo, está a 500 metros. Pero yo te diría que este paseo por los palacios y la Florencia noble es mucho más interesante que hacer la fila para entrar al Duomo.

Cuando retires el auto, concentrate. Todavía estás en la zona de tráfico limitado. Salís con cuidado porque es la zona con más turismo, con más gente caminando por las calles. Son apenas 100 o 200 metros hasta que salís de la ZTL, pero esos metros son críticos. Atención, despacio, y después ya está, respirás tranquilo.

Mi recomendación final

Andar en auto por Italia es toda una ciencia, pero se puede hacer bien. La clave es informarse antes, reservar con anticipación, y no improvisar. Florencia es una ciudad que se disfruta caminando, no manejando. Dejá el auto en un lugar seguro, olvidate de él por unas horas, y recorré la ciudad como se merece.

Este recorrido que te conté es el que yo haría siempre que vuelva a Florencia. Es tranquilo, elegante, y te da una perspectiva diferente de la ciudad. Menos turístico, más auténtico. Y sin multas.