Si te digo "Dijon", probablemente pensás en mostaza. O en vino. Y sí, todo eso está. Pero lo que nadie te cuenta es que detrás de esos viñedos y de ese condimento amarillo que le ponés a todo, hubo un tipo llamado Felipe el Atrevido que literalmente prohibió una uva porque la consideraba "vulgar y nociva para la salud". Así, con esas palabras. Y ese fue solo el primero de una saga de duques con apodos dignos de una serie de Netflix: Juan sin Miedo, Felipe el Bueno, Carlos el Temerario, María la Rica. Todos gobernaron desde Dijon cuando esta ciudad de 150.000 habitantes era la capital del Ducado de Borgoña, uno de los territorios más ricos y poderosos de Europa.

Acabo de volver de Francia y tengo que decirte algo: Dijon me sorprendió. Es una ciudad que no está en el radar de la mayoría, pero tiene un patrimonio histórico y cultural que te deja con la boca abierta. Y lo mejor es que todo es compacto, caminable, y podés recorrerlo varias veces sin cansarte. Te cuento qué ver, qué comer (spoiler: caracoles) y qué beber (spoiler: Pinot Noir).

Por qué tenés que saber quiénes fueron los Duques de Borgoña

Normalmente no soy de hacer introducciones históricas largas, pero en Dijon es imposible entender lo que estás viendo si no sabés quiénes fueron estos personajes. Todo, absolutamente todo lo que vas a visitar en la ciudad, tiene que ver con ellos.

El Ducado de Borgoña fue gobernado por la Casa Valois-Borgoña. Felipe el Atrevido fue el fundador. Le pusieron ese apodo porque a los 14 años defendió a su padre, el rey Juan II de Francia, con una valentía que impresionó a todos. Como recompensa, el rey le otorgó el Ducado de Borgoña. Felipe se casó con Margarita de Flandes y así anexó territorios que hoy son Bélgica y Holanda. Ahí empezó todo.

Pero Felipe no solo expandió territorios. En 1395 prohibió la uva Gamay y favoreció la plantación del Pinot Noir, que desde entonces es la cepa emblemática de la región. También consolidó a Dijon como centro de producción de mostaza. O sea, el tipo literalmente sentó las bases de lo que hoy conocemos como "Borgoña".

Después vino Juan sin Miedo, que luchó contra los otomanos con tanta velocidad que sus compañeros le pusieron ese apodo. Luego Felipe el Bueno, cuyo nombre no tiene que ver con la bondad moral sino con su generosidad y mecenazgo. Bajo su mandato, el Ducado alcanzó su máxima extensión y esplendor. Pero —siempre hay un pero— también fue aliado de los ingleses. Sus tropas capturaron a Juana de Arco y la vendieron por 10.000 libras tornesas. Sí, la vendieron.

Carlos el Temerario fue el siguiente. Temerario por su ambición y osadía. Quiso crear un reino independiente entre Francia y el Sacro Imperio Romano Germánico, enfrentándose a ambos. Le fue mal: murió en la batalla de Nancy y dejó el trono a su hija María la Rica, que heredó uno de los patrimonios más ricos de Europa. María se casó con Maximiliano I de Habsburgo (sí, el mismo de la tumba fake en Innsbruck que te conté en el video del Tirol). Esa unión cambió la geopolítica europea durante siglos.

Si mirás los escudos de armas de los duques, ves la historia en imágenes. Primero Francia y Borgoña. Después Flandes, Brabante, Limburgo. Cada generación sumaba territorios y los mostraba orgullosamente en el escudo. Es fascinante.

El Palacio de los Duques: el corazón de Dijon

El Palacio de los Duques de Borgoña es enorme y está dividido en varias partes. Primero tenés la Torre de Felipe el Bueno, que podés subir (son unos 316 escalones) y te da una vista espectacular de la ciudad. Para esto sí te recomiendo comprar entrada con anticipación.

Después está el Museo de Bellas Artes, que también te deja entrar a las viejas dependencias del Ducado. Acá va mi recomendación: centrate en el primer piso. El museo es enorme y tiene obras de todas las épocas, pero el primer piso es arte medieval, que es lo que corresponde al Ducado de Borgoña. Y nunca había visto una colección de arte medieval tan amplia y bien curada.

El Ducado estuvo en la transición entre el gótico y el Renacimiento, y eso se ve clarísimo en las obras. Al principio del recorrido tenés ese gótico oscuro, triste, con fondos dorados, formas alargadas y rígidas, sin perspectiva. Todo muy arquitectónico, con estructura de cúpulas góticas. Y la temática es casi toda religiosa: Jesús, santos, María.

Pero a mitad del recorrido empezás a ver el cambio. Los cuatro duques, con su riqueza, atrajeron un montón de talento: pintores, artistas, músicos. Y eso se nota. A partir del siglo XV, paralelo al Renacimiento italiano (que vimos en el video de Florencia), empezás a ver un estilo nuevo importado de Flandes. Más interés en la naturaleza, más perspectiva, más volumen en las figuras. Una humanización que no existía antes.

Y al final del primer piso llegás a una sala que es una cosa espectacular: las tumbas de Felipe el Atrevido y Juan sin Miedo. Nunca había visto tumbas de esta dimensión. Tenés toda una base de angelitos que sostienen la tumba, arriba los dos duques leyendo la Biblia, y custodiados por fieras. Es impresionante. Podés subir y tener una vista más elevada de las tumbas, no te lo pierdas.

El resto del museo tiene obras espectaculares de muchas épocas. Si tenés energía y ganas, adelante. Pero a mí a veces me pasa que me saturo cuando tengo tanto para ver. Prefiero reducir y que sea más consistente a ampliar todo y que después me queden flecos sueltos. Pero eso va en el estilo de cada uno.

Además, en este edificio enorme que ocupa prácticamente la parte central del centro histórico, opera parte del ayuntamiento. Tranquilamente en tu visita podés ver uno o dos casamientos, sobre todo si vas el fin de semana. Imaginate lo que es casarte ahí.

La Iglesia de Notre-Dame: gótico borgoñés con gárgolas espectaculares

La Iglesia de Notre-Dame es otra joya del patrimonio que dejó el Ducado. Fue construida en el siglo XIII (entre 1230 y 1250) y es gótica, pero con una variante que se llama "gótico borgoñés". No es un estilo único, pero sí una variante del gótico francés que se diferencia bastante.

Por los costados ves la estructura clásica gótica, pero enfrente hay una fachada que yo nunca había visto. Son como tres pisos, tres niveles con hileras de gárgolas: monstruos, animales fantásticos, seres grotescos que habitan esos tres pisos superiores. Es impresionante, como una falsa fachada. Lo hicieron a propósito para diferenciarse del resto de iglesias francesas.

Estas gárgolas tenían una función de desagüe, pero también recordaban a los fieles los peligros del mal y el caos que quedaba afuera de la iglesia. Quedate como mínimo 15 minutos admirando esta fachada. Y si querés quedarte más tiempo, justo enfrente hay un restaurante muy bueno donde podés comer caracoles (ya te cuento más adelante) mientras mirás la iglesia.

Además, en uno de los costados de la iglesia hay una lechuza de madera que dicen que si la tocás con la mano izquierda te da suerte. En todo el centro histórico vas a ver unas flechitas doradas en el piso que te llevan a la lechuza. Si pasás por ahí, no está mal la cariciada.

Caminar el centro histórico (varias veces)

Dijon es una ciudad preciosa para caminarla. Lo repito: caminala varias veces. Con luz de día y de noche, porque los edificios tienen una iluminación espectacular. Todo es abarcable, compacto. La Plaza de la Liberación, que está en la fachada principal del Palacio Ducal, es el centro neurálgico. Alrededor de esa plaza, todo es precioso.

Vas a ver muchísimos edificios de la Edad Media que aún se sostienen. Tienen un entramado de maderas, lo que se llama en alemán Fachwerk. Son esas estructuras de madera que sostienen el edificio y los huecos se llenaban con ladrillo, adobe o cal. Esto lo vimos en el video de Alsacia y la Selva Negra. También recuerda a las casas holandesas.

El Palacio Ducal y la iglesia son gratis, así que son un sí o sí.

Dónde dormir (o mejor dicho, dónde NO dormir)

La hotelería está alrededor de la Plaza de la Liberación o el centro histórico. Lamentablemente, en este video no te puedo recomendar ningún hotel porque me fue muy mal. Nos alojamos en un hotel que era un antiguo monasterio. El edificio histórico era espectacular, pero nos tocó un segundo piso en plena ola de calor en agosto, sin aire acondicionado, 35 grados hacían en la habitación. Después nos cambiaron a una habitación con aire acondicionado, pero no andaba el desagüe del baño. Un poco de ida y vuelta.

La gente en la recepción le puso muy buena voluntad y es muy romántico alojarte en un monasterio de la Edad Media, pero si los servicios básicos no funcionan, te arruina la experiencia. Te lo dejo en el mapa igual por si querés consultar o buscar algo similar, pero yo no te lo voy a recomendar.

Qué comer: caracoles sí o sí

Dijon está en Francia, así que podés probar casi cualquier cosa de la gastronomía francesa. Y te digo una cosa: en Italia y en Francia son muy exigentes con la comida. Vayas donde vayas, vas a comer bien.

Pero te voy a recomendar un plato que tenés que probar si te animás: escargots à la bourguignonne, caracoles a la borgoñesa. Caracoles de tierra preparados con manteca, ajo y perejil.

Este plato también tiene historia. Cuenta la leyenda que en 1825 el zar Alejandro de Rusia estaba visitando Borgoña y fue a cenar a la casa de un diplomático francés muy influyente. El chef tenía un problema: no tenía ingredientes de lujo suficientes para impresionar al zar. Usó caracoles, que ya en la Edad Media se comían pero por temas de escasez, y los preparó con manteca, ajo y perejil. El zar quedó maravillado. Y yo también.

Te van a dar una pinza especial para sostener el caracol y un tenedor de dos dientes para sacarlo. Plup, adentro. Riquísimos. Te dejo en el mapa dos restaurantes donde los podés pedir. Uno es el que está enfrente a la iglesia, y el otro es un restaurante clásico en el centro histórico con buenos precios. Creo que era un menú de 25 o 30 euros de tres platos, y el primero eran los caracoles.

Qué beber: Pinot Noir y el universo del vino de Borgoña

El vino de Borgoña es todo un universo. Podés visitar viñedos en las afueras de Dijon o hacer catas en la misma ciudad. Te dejo en el mapa un lugar que es como un paraíso del vino: tienen 250 tipos de vinos de la región para probar. Cuando hacés la cata, te sirven distintos chorritos de distintos tipos de vino y podés hacer una prueba.

El vino de Borgoña es, como vimos al comienzo, Pinot Noir. Felipe el Atrevido obligó a todo el mundo a plantar este tipo de uva porque consideraba las otras vulgares. Por lo tanto, es un vino 100% de esta uva. No es blend, no es mezcla.

Estos vinos se llaman "vinos de terroir", de tierra. Son vinos donde lo más importante no es tanto la técnica del enólogo o la mezcla de uvas, sino el lugar donde se cultivó la uva. Temas como tipo de suelo (arcilla, granito), el clima, la topografía, la altura y la tradición vinícola de la zona.

Desde el punto de vista técnico, hacer un vino en base a una sola uva es más sencillo. Pero también es un riesgo importante porque si pasa algo a nivel cosecha —mala climatología, factores externos— es muy difícil salvarlo. En contraposición, un vino como el de Burdeos, que es blend, tiene más juego: si te sale mal un tipo de uva, podés compensar con otra. Todo eso te lo conté en la visita que hicimos a los viñedos en Burdeos.

Mi recomendación final

Dijon es una ciudad que no está en el radar de la mayoría, y eso la hace aún más especial. No está invadida de turistas, podés caminarla tranquilo, y tiene un patrimonio histórico y cultural que rivaliza con ciudades mucho más famosas. Si estás planeando un viaje por el este de Francia o por la región de Borgoña, dale a Dijon mínimo dos días. Uno para el Palacio Ducal y el centro histórico, y otro para los viñedos o para simplemente perderte por las calles con un vaso de Pinot Noir en la mano.

Y si te animás a los caracoles, hacelo. No te vas a arrepentir.