Barcelona parece medieval. Calles estrechas, plazas góticas, iglesias antiguas. Pero lo que casi nadie sabe es que debajo de todo eso existe otra ciudad completa: Barcino, una colonia romana de hace más de 2000 años. Y si sabés dónde mirar, todavía podés ver templos, murallas y hasta fábricas romanas escondidas bajo el pavimento del Barrio Gótico.

Volví a Barcelona después de haber vivido más de 8 años acá, hace mucho tiempo. Y esta vez volví con una misión específica: mostrarles la ciudad romana que se esconde abajo. Porque Barcelona no nació en la Edad Media. Barcelona es romana. Y eso cambia completamente la forma en que entendés esta ciudad.

Barcino: la ciudad que nadie menciona

El nombre completo era una joya: Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino. Sí, los romanos no se andaban con vueltas para los nombres. Fue fundada por el emperador Augusto a finales del siglo I antes de Cristo. No era una gran ciudad como Tarraco (la actual Tarragona), pero estaba perfectamente diseñada como toda colonia romana que se precie.

Tenía alrededor de 10 hectáreas y estaba conectada a la Vía Augusta, la gran carretera romana que recorría el Mediterráneo. Como toda ciudad romana, tenía sus dos calles principales en forma de cruz: el Cardo (de norte a sur) y el Decumanus (de este a oeste). Hoy en día, el Cardo sería más o menos la zona de la calle de la Libretería, y el Decumanus pasaría por la calle del Bisbe, esa tan conocida del Gótico barcelonés.

Donde se cruzaban estas dos arterias principales estaba el foro. ¿Y sabés dónde está ese foro hoy? En la Plaza Sant Jaume. De un lado tenés el Ayuntamiento de Barcelona, del otro el Palacio de la Generalitat (la sede de gobierno de Cataluña). Curioso, ¿no? Donde hoy se toman decisiones importantes para Barcelona y Cataluña, hace 2000 años se tomaban para la colonia romana. Hay algo poético en eso.

Barcino tenía 76 torres y toda una muralla que protegía la ciudad con cuatro puertas. Si caminás desde la Plaza Sant Jaume hacia la catedral y llegás a la gran plaza de la Catedral, vas a ver unas torres de piedra enormes. No son medievales. Esas torres son romanas. Y están ahí, en medio del Gótico, como diciéndote: "Ey, nosotros estuvimos primero".

El secreto mejor guardado: las columnas del Templo de Augusto

Ahora viene mi recomendación más importante de este post. Antes de irte de la catedral, hacé esto: andá a la parte de atrás de la catedral y buscá una calle muy chiquitita (te dejo el mapa en los enlaces). Caminá hasta el fondo de esa calle, cuando termine girá a la izquierda y vas a ver en el primer piso un cartel que dice "Centro de Excursionistas de Cataluña", con una escalera para subir.

No subas. Seguí derecho por un patio interno. Al final de ese patio, girá a la derecha.

Y ahí aparece Roma.

Cuatro columnas del Templo de Augusto, uno de los templos principales del foro. Encontraron tres en este lugar y la otra en la Plaza Real, pero después la trajeron y las exponen las cuatro juntas. Es impresionante. Jamás te imaginarías que entrando a ese patio te vas a encontrar con cuatro columnas romanas de hace 2000 años.

La forma en que están expuestas es una maravilla. La luz, el lugar, la historia. Y es totalmente gratis. Muy poca gente lo sabe. No te vayas de la catedral sin antes ver estas columnas. Para mí, es uno de esos momentos "wow" que te cambian la forma de ver una ciudad.

El Museo de Historia de Barcelona: el plato fuerte

Desde ahí mismo, andá a la Plaza del Rey. Una plaza muy bonita que fue rediseñada cuando renovaron el Gótico. Y acá va un dato que te va a sorprender: el Barrio Gótico de Barcelona no es tan gótico como parece. Algunas estructuras sí, pero a finales del siglo XIX se decidió restaurar con un estilo neogótico muchas cosas. Las ventanitas que ves en la Plaza del Rey no son de la Edad Media, son de finales del siglo XIX, comienzos del siglo XX. Barcelona se reinventó este barrio para que la ciudad fuera más bonita y más atractiva para el turismo. Y funcionó.

En la Plaza del Rey vas a encontrar una puertita que es el Museo de Historia de Barcelona (MUHBA). La entrada sale alrededor de 10 euros y dura creo que 48 horas porque hay muchas sedes del museo repartidas por la ciudad. El museo es grande, tiene exposiciones interesantes e interactivas sobre el crecimiento de Barcelona, pero en este post nos vamos a enfocar en Roma.

Cuando compres la entrada, no te distraigas. Metete en el ascensor que está a la izquierda. Hay un caminito, un ascensor. Y acá viene lo mágico: cada piso que baja el ascensor está marcado como 1000 años que estás retrocediendo en la historia. Cuando se abren las puertas del ascensor, estás en la ciudad romana.

Así de mágico.

Caminar por las calles de Barcino

Y está tan bien hecho, tan bien presentado, que te emociona. Hay lásers de color que te delimitan dónde termina la parte de la ciudad romana. Todo lo que ves acá apareció en excavaciones realizadas a finales del siglo XIX y mediados del siglo XX, cuando se empezó a estudiar seriamente el subsuelo romano de la ciudad.

Lo impresionante de todo esto es que no son solo ruinas. Son calles, talleres, fábricas. Vas a ver, por ejemplo, las fábricas de garum. El garum era la famosa salsa romana hecha con pescado fermentado y sal. Algo parecido a lo que vimos en las ruinas de Baelo Claudia en Tarifa (si viste ese video mío, te vas a acordar). Esta pasta después la mandaban al resto del imperio.

También vas a ver talleres textiles donde se teñían y trabajaban tejidos. Instalaciones para producir vino con grandes ánforas donde se almacenaba y preparaba el producto para exportarlo. Y también un baptisterio cristiano de los primeros siglos del cristianismo. Esto ya es posterior, pero te muestra cómo la ciudad romana terminó transformándose en una ciudad cristiana.

Caminar por este lugar es como recorrer una ciudad congelada en el tiempo. La presentación es exquisita. Y además, todo esto te permite entender algo muy importante: cómo funcionaba la economía en Barcino.

Una ciudad próspera (aunque no fuera capital)

Barcino no era una capital como Tarraco, ni una gran ciudad militar. Era una ciudad pequeña pero próspera. La economía se basaba en la producción de vino, garum, industria textil y, por supuesto, el comercio marítimo. Barcelona siempre estuvo orientada al mar, al Mediterráneo. Era una ciudad económica y comercial.

Y acá va algo que me parece fascinante: las colonias del Imperio Romano no estaban gobernadas desde Roma. Estaban gobernadas localmente por gente influyente, las élites locales, lo que en el imperio se llamaba los "prohombres". Me encanta esta palabra. Eran las familias más ricas de la ciudad que financiaban los edificios públicos, organizaban la política local, pagaban los templos, las murallas. Eran los que financiaban la obra pública.

¿Por qué te cuento esto? Porque siempre que veo las ruinas de lo que fue el Imperio Romano, pienso: vale, los romanos no pedían permiso, no tocaban el timbre. Llegaban y conquistaban, tomaban las ciudades. Pero después también traían el acueducto, el foro, los templos, la organización, los impuestos. En el fondo, la gente conquistada dejaba de ser "pueblo conquistado" y se transformaba en romanos. Y llegaban con tecnología, por decirlo de alguna manera. Se mezclaban. Los romanos traían también crecimiento, medios para crecer y desarrollarse.

No estoy romantizando el imperialismo, pero es innegable que dejaron una huella profunda. Y esa huella todavía está ahí, bajo Barcelona.

Mi recomendación final

La próxima vez que vayas a Barcelona y estés caminando por el Barrio Gótico, acordate que debajo de esas calles medievales todavía existe Barcino, la ciudad romana que dio origen a Barcelona.

Andá a ver las columnas del Templo de Augusto. Metete en el Museo de Historia de Barcelona y bajá al subsuelo romano. Caminá por esas calles de hace 2000 años. Y dejá que la ciudad te cuente su historia completa, no solo la medieval que todos conocen.

Barcelona tiene muchas capas. Esta es una de las más fascinantes.