Roma no es solo una ciudad. Roma es una excavación. Y cuando digo esto, no estoy siendo poético ni metafórico: es literal. Cuando caminás por Roma, no caminás sobre una ciudad, caminás sobre muchas, una arriba de la otra. Después de tantos años viviendo en Europa y visitando Roma cada vez que puedo, sigo fascinado con esto. Cada vez que vuelvo, voy con la idea de hacer un video, dos videos, y termino con cinco. Nunca se termina.
Hoy te voy a contar cómo visitar Roma entendiéndola por capas, y por qué en esta ciudad el pasado nunca desaparece del todo.
Por qué Roma está construida en capas
Roma nunca fue demolida del todo. Cada época construyó encima de la anterior. Cuando excavás, no encontrás un pasado: encontrás muchos. En el mismo lugar, a distintas profundidades, conviven la Roma moderna, la Roma barroca y renacentista, la Roma medieval, la Roma imperial, la Roma republicana y la Roma arcaica. Seis capas de historia. Y todo sigue ahí.
¿Por qué? Porque Roma fue creciendo hacia arriba. A diferencia de otras ciudades, Roma nunca se mudó. Pensá en el antiguo Egipto: la capital era Memphis, cerca de las pirámides, pero con el paso de los siglos el poder se desplazó hacia el norte y nació El Cairo. O en Rusia: San Petersburgo fue capital, pero el poder volvió a Moscú. Roma, en cambio, siempre siguió siendo la capital. Del imperio, de la iglesia, de los reinos, del Estado moderno.
Y cada nuevo poder necesitó legitimarse usando el anterior. Esto ya pasaba en la Roma imperial: los emperadores no solo gobernaban, también construían monumentos, foros, arcos, templos. Cada obra era un mensaje: "Yo soy más grande que los que vinieron antes". Por eso Augusto dejó su foro, Trajano dejó su foro, Vespasiano dejó el Coliseo. En Roma, construir era poder.
Por eso Roma no destruye la historia: la acumula, la reutiliza, la reescribe.
El metro de Roma: arqueología mientras esperás el tren
Vamos a lo concreto, que es lo que más te va a servir. El primer lugar para entender esto es totalmente gratis: el metro.
El metro de Roma es chiquitito. Son tres o cuatro líneas nada más. Para una ciudad de esta dimensión, es un metro pequeño. No llega tan lejos como el de Madrid, Berlín o incluso Seúl. ¿Por qué? Porque cada vez que se excava en Roma, aparece algo.
Primer ejemplo: la estación Colosseo-Fori Imperiali de la línea C. Se inauguró hace muy poquito, pero tardaron 12 años en hacerla. Cada vez que excavaban aparecía la ciudad antigua: muros romanos, estructuras imperiales, capas históricas completas. No fue algo puntual, fue un yacimiento arqueológico continuo. Tuvieron que modificar todo, rediseñar túneles, cambiar recorridos, integrar las ruinas dentro de la estación. Hoy la estación es casi un museo subterráneo. Probablemente es el único metro del mundo donde mientras esperás el tren estás rodeado de ruinas de 2.000 años.
Pero hay otro ejemplo que a mí me gusta más: la estación San Giovanni, misma línea C, dos estaciones más adelante. Ahí aparecieron más de 40 capas de historia, y las podés ver en distintas partes de la estación. Hay exposiciones con estos descubrimientos por capas: huertos medievales, casas antiguas, estructuras romanas. Cada nivel de la estación representa una época. Bajás al andén y viajás en el tiempo.
Y si vas a San Giovanni, aprovechá para visitar la Basílica de San Giovanni in Laterano, que está ahí al lado. Es una iglesia enorme que era la sede del poder papal antes del Vaticano. Ahí vivían, trabajaban y morían (muchos están enterrados ahí) los papas antes de que existiera el Vaticano. La iglesia es espectacular, una muestra bestial de la opulencia del poder de la Iglesia Católica.
La Basílica de San Clemente: cuatro niveles bajo una iglesia medieval
Pero el mejor ejemplo, el que para mí es visita obligada, está a unos 100 metros del Coliseo: la Basílica de San Clemente.
Por fuera no dice mucho. Es una iglesia medieval del siglo XII, bonita, sencilla. La última vez que entré la estaban refaccionando. Pero cuando empezás a bajar, ahí aparece Roma.
Primera capa hacia abajo: una basílica paleocristiana del siglo IV con frescos originales, columnas antiguas, una de las primeras iglesias cristianas de Roma. Los frescos son impresionantes. Si ves la textura de los frescos —que no están enteros, obviamente, son partes— hay uno de una Madonna con el niño que estaba muy bien, casi intacto. Eso fue lo que más me impactó en este primer nivel.
Seguís bajando. Segunda capa: un templo del siglo I asociado al culto de Mitra, con salas, pasillos y estructuras romanas intactas. Acá la oscuridad es más profunda. Además, era un templo pagano. Creo que fue Constantino quien prohibió este tipo de paganismo, así que lo cristiano literalmente pisó lo pagano. La iglesia se construyó encima del templo.
Y si seguís más, todavía más abajo, llegás a restos de construcciones de la Roma republicana junto a un antiguo sistema de agua que todavía corre bajo tierra. Esto es una locura. Empezás a escuchar el agua correr. Hay espacios, como huecos, agujeros donde metés la cabeza y ves el chorrillo de agua que pasa. Está muy bien iluminado, con una luz tenue, verde. La humedad se pone densa, el aire pesado. Estás en la cuarta capa.
La visita es preciosa. Comprás un ticket —creo que eran unos 10 euros, te dejo el link en la descripción— y literalmente empezás a bajar. Para mí, este es el mejor ejemplo de que Roma está hecha de estratos, uno encima del otro. No hay nada igual en el mundo.
Cómo organizar la visita
Todo esto que te conté está alrededor del Coliseo. Podés armar una jornada completa:
Entrás a la estación de metro del Coliseo para tener una primera sensación. Después, a 100 metros, está la Basílica de San Clemente. Creo que está abierta hasta las 5 de la tarde, último turno. Fíjate de combinar la hora del ticket del Coliseo con la entrada a San Clemente.
Otro día te vas a la estación San Giovanni y visitás la Archbasílica de San Giovanni in Laterano. Así se llama, con "arch" adelante. Es la catedral de Roma, técnicamente más importante que San Pedro del Vaticano.
Mi recomendación personal
Si tenés que elegir un solo lugar para entender esta idea de Roma por capas, andá a San Clemente. Es barato, está bien señalizado, no suele estar tan lleno como otros lugares turísticos de Roma, y en 40 minutos bajás 2.000 años de historia. Literal.
Yo sigo volviendo a Roma cada vez que puedo. Cada vez descubro algo nuevo, cada vez entiendo algo más. Roma no se termina nunca. Y esa es justamente su magia: que el pasado no desapareció, sigue ahí, bajo tus pies, esperando que bajes las escaleras.