Finalmente llegué a Budapest. Después de años recorriendo Europa y haciendo videos de Viena, Praga, Bratislava y Munich, me faltaba la última gran ciudad imperial. Estuve siete días completos, así que este no va a ser un post de esos genéricos donde te cuento "las 10 cosas imperdibles" que leí en otra guía. Acá te cuento lo que viví, lo que me gustó, lo que no tanto, y sobre todo, te doy recomendaciones que solo alguien que estuvo ahí puede darte.

Spoiler: Budapest me pareció mucho más sofisticada de lo que esperaba. Tenía una imagen bastante sencilla de Hungría por haber visitado zonas rurales antes, pero la capital es otra cosa. Muy otra cosa.

Un poco de contexto (que te va a servir para entender lo que ves)

Budapest está en lo que llamamos Europa Central, aunque ese término es medio difuso porque no hay un límite geográfico claro. Básicamente son los países que estuvieron bajo la influencia del Sacro Imperio Romano Germánico y después del Imperio Austrohúngaro: Alemania, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Austria y Eslovenia.

La historia de Hungría está por todos lados cuando caminás Budapest, así que vale la pena conocer algunos puntos clave. En el año 1000, Hungría se convierte en un reino cristiano con su primer rey, Esteban I, que fue canonizado por la Iglesia Católica. De ahí viene el nombre de la Basílica de San Esteban, uno de los lugares que seguramente querés visitar. Durante los siglos XIV y XV, Hungría floreció bajo el reinado de Matías Corvino, y por eso la iglesia más importante del Castillo de Buda lleva su nombre.

En el siglo XVI llegan los otomanos y Hungría se divide: la parte central quedó ocupada por los turcos, la occidental bajo los Habsburgo de Austria, y el este se convirtió en el Principado de Transilvania. Después expulsan a los turcos y Hungría entera pasa a formar parte del Imperio Austrohúngaro hasta la Primera Guerra Mundial.

Tras la guerra, Hungría queda detrás de la Cortina de Hierro, bajo dominio soviético. En 1956 hubo una revolución liderada por pibes —literalmente, adolescentes y menores de 25 años que se llamaban los "Pest Kids"— que fue brutalmente sofocada por los soviéticos. Fue la primera vez que se usaron cócteles molotov (el nombre viene del ministro de exteriores ruso de la época). Durante esa revolución destruyeron una estatua de Stalin de 8 metros y lo único que quedó fueron las botas. Más adelante te cuento dónde podés ver esas botas, porque es uno de los lugares que más me impactó de toda la ciudad.

Finalmente, con la caída del Muro de Berlín en 1989, Hungría se convierte en una república democrática.

Cómo llegar (y mi plan fallido)

Podés llegar a Budapest de cuatro formas. Si venís de lejos, seguramente sea en avión. Wizz Air, la aerolínea low cost húngara, opera en toda Europa y compite con Ryanair y EasyJet. Incluso escuché que están intentando hacer vuelos transatlánticos.

Mi plan original era llegar en tren. Sigo creyendo en el tren, a pesar de que mi plan voló por los aires (eso lo conté en otro video). Los trenes austríacos ÖBB son excelentes y conectan Ámsterdam, Bruselas, Munich, Viena y Budapest. También podés llegar desde Praga. Si entrás a Europa por el corredor sur, los trenes austríacos son tu mejor opción.

Finalmente llegué en auto, atravesando prácticamente toda Austria. No hay peaje, pero tenés que comprar la viñeta tanto para Austria como para Hungría. El límite de velocidad es 130 km/h y se viaja muy bien. Si vas en auto, te dejo en la descripción un parking descubierto que es barato, porque pagar por hora en Budapest puede salir caro. También te dejo la app que usé para pagar el estacionamiento en la calle: la conectás a tu tarjeta y es super cómodo.

La cuarta opción, más romántica, son los cruceros fluviales que recorren todo el Danubio. Salen de Passau en Alemania, pasan por Viena, Bratislava, Budapest... Imaginate qué bonito entrar a Budapest navegando el Danubio.

Moverse por la ciudad (más fácil de lo que pensás)

Budapest tiene un transporte público excelente. Mejor que en Alemania, te lo digo en serio. Mi recomendación: bajate la app del transporte público (BKK BudapestGO), conectala a tu tarjeta de débito o crédito, y pagá todo desde ahí.

Eso sí, tenés una precaución importante: cuando te subís a un bus, metro o tranvía, vas a ver un código QR en la puerta. Tenés que escanearlo con la cámara del teléfono para validar el ticket. No te olvides de hacerlo. Si no te da tiempo antes de que llegue el transporte, podés hacerlo una vez que subiste, que también hay códigos QR en el vagón.

A mí el tranvía es el que más me gusta porque te permite pasear mientras te movés. El tranvía número 2, que recorre la orilla del Danubio, es maravilloso. Y dato curioso: en los meses de verano hay una especie de ferry-bus, transporte público que hace las estaciones más tradicionales del Danubio. Con el ticket de transporte público normal podés pasear en barco. Es como los vaporettos en Venecia. Solo opera en verano, pero te dejo la info en la descripción.

Dónde dormir (mi recomendación fuerte)

Antes que nada: Budapest eran originalmente dos ciudades. Buda, en la zona occidental, la parte alta donde están los monumentos más conocidos (el Bastión de los Pescadores, el Castillo). Y Pest, del otro lado del Danubio, que es la capital administrativa, cultural y comercial. En 1870 se unieron formando Budapest.

Mi recomendación fuerte: alojate en Pest, específicamente en el Distrito 5, justo atrás del Parlamento. No es fácil conseguir alojamiento porque es como el Mitte de Berlín, la zona administrativa del país. Pero es precioso. No es tan turístico, está lleno de casas de antigüedades, galerías de arte, restaurantes sofisticados. Los edificios son una belleza: art nouveau, incluso modernista.

Eso sí, el mantenimiento es desparejo. Si te vas al barrio de al lado vas a ver edificios que no están restaurados pero de una belleza inexplicable. Cada casa ocupaba prácticamente media manzana: adelante vivía la gente pudiente, atrás la gente del servicio.

Nosotros nos alojamos en un Airbnb en la parte del servicio de uno de esos edificios. Está impecable, gestionado por una pareja —ella húngara, él de California— que nos atendieron de maravilla, nos dieron recomendaciones, como era originalmente la onda de Airbnb. Te soy sincero: últimamente no he tenido las mejores experiencias con Airbnb. Para mí se volvió muy industrial, con empresas que gestionan decenas de departamentos. Este lugar es todo lo contrario, por eso lo recomiendo. Te dejo el enlace en la descripción. Intentalo, aunque seguramente tienen muchas reservas. Y si no, buscá algo en el Distrito 5.

Qué hacer: los clásicos (y mi opinión sincera)

El Parlamento es lo que más te recomiendo. Encarecidamente. Debe ser uno de los pocos monumentos que para mí es más bonito de noche que de día. Eso ya te dice que tenés que ir dos veces: una de día y una de noche. La iluminación nocturna es espectacular.

Podés entrar al Parlamento, pero tenés que comprar entrada. Yo, casa de herrero cuchillo de palo, no tenía ticket. Pero si vas a las 8 de la mañana cuando abre, podés conseguir ticket para los últimos turnos del mismo día. Si no, compralo con anticipación porque hay muchos grupos de estudiantes.

Vale mucho la pena entrar. Las salas tienen un nivel de detalle impresionante. Si los políticos trabajan ahí, inspiración no les puede faltar. La visita dura media hora con un guía que te pasea por los salones emblemáticos y terminás en el recinto donde se debaten las leyes. Un detalle que nos causó gracia: hay porta-habanos por todos lados. Se ve que los políticos fumaban durante las pausas y después se volvían a meter al recinto.

He visitado el Congreso de Buenos Aires, el de Estados Unidos, el de Berlín. Nada se compara con esto. El valor artístico es muy alto.

El Castillo de Buda, la Iglesia de San Matías y el Bastión de los Pescadores: por supuesto que tenés que ir. Vas a tener unas vistas preciosas del Danubio y del Parlamento. Es lo más alto de Buda, te da una panorámica completa de Pest.

Ahora, atención: podés hacer esto sin comprar ticket. Con el ticket accedés al Bastión de los Pescadores, que es como un caminito elevado, y podés entrar a la iglesia. ¿Vale la pena? Bueno, valoralo vos. Yo te digo que también podés acceder a las vistas de manera gratuita desde la explanada donde está la iglesia. Eso sí, todo el barrio antiguo de Buda es muy bonito. Te dejo en el mapa de Google el recorrido que yo hice porque vale la pena caminar un poco más allá de los puntos turísticos.

La Sinagoga (creo que es la segunda más grande de Europa) y la Basílica de San Esteban: ambas necesitan ticket. En la sinagoga especialmente, fijate bien en la web porque no abren todos los días. Los sábados (shabat) está cerrada, tienen muchas festividades.

Arquitectónicamente son lugares preciosos, pero te voy a ser sincero: hay tanta gente, tanto turismo, que me faltó un poco la conexión espiritual con el lugar. Merecen la pena, sí, pero con esta advertencia. Intentá ir a primera hora o a la última, cuando hay menos gente. Podés comprar los tickets en el lugar, pero te recomiendo ir temprano.

Fuera de ruta (lo que más me gustó)

Acá es donde Budapest me sorprendió de verdad.

El Museo Ludwig de Arte Contemporáneo está al final de la línea 2 del tranvía, sobre el Danubio. Si te gusta el arte, es una muy buena opción. Es una colección privada contemporánea. Está saliendo de la zona turística, lo que te permite conocer dónde vive la gente real. El edificio es precioso y el recorrido del tranvía número 2 es maravilloso.

Me quedé con ganas de ver obra de László Moholy-Nagy, uno de los creadores del cine, que experimentando con fotografía pasó de la imagen fija a los fotogramas que dieron origen al cine. No encontré obra suya en ningún museo de Budapest, una lástima. A veces tengo suerte, como en Viena o en Praga donde vi una exposición de Kafka. A veces no.

La Isla Margarita: si te gusta correr, este lugar es espectacular. Está en medio del Danubio, accedés por uno de los puentes. Hay una pista para correr de unos 5 km y medio, acolchada, que da la vuelta a toda la isla. La isla tiene ruinas medievales, un hotel, y una de las paradas del ferry que recorre el Danubio. Yo hice un recorrido total de unos 8 km. Si te gusta correr, no te lo pierdas.

La Ópera de Budapest también es un edificio espectacular. Podés visitarla, pero mejor aún: mirá con anticipación la programación, llevate una camisita y un saco, y andate a la ópera a las 6:30 o 7 de la tarde.

El mercado de pulgas en las afueras de Budapest: esto es difícil de llegar, tendrías que ir en taxi o con tu propio vehículo. Te lo dejo en el mapa. Mirá, no es una de las cosas que más me interesan ni cuando viajo ni cuando estoy en casa, pero reconozco que la calidad era impresionante. Había obras de arte, tiendas fotográficas con colecciones de cámaras analógicas desde los orígenes de la fotografía hasta la época pre-digital que no lo podés creer. Las típicas tiendas de ropa militar, todo tipo de antigüedades, cerámicas. Se nota que hay mucha tradición y se le da mucho valor a lo antiguo.

Memento Park: lo mejor de todo

Y ahora lo que más me gustó, lo que para mí está al mismo nivel que el Parlamento.

Durante el dominio soviético, como en todas las ciudades que estuvieron detrás de la Cortina de Hierro, había un montón de esculturas y monumentos: a Stalin, a los trabajadores, toda la estética comunista. Son figuras más sencillas, más funcionales que el arte clásico o renacentista. No es que sean simples —no sé cómo explicarlo— pero el tiempo que se utilizaba en el arte clásico no se tiene en el arte soviético. Es más funcional, está más orientado al pueblo: la mano grande de los trabajadores, la fuerza colectiva.

Alguien tuvo la brillante idea de no destruir estos monumentos cuando cayó el comunismo. Los sacaron de Budapest y los pusieron todos juntos en un parque a 30 minutos de la ciudad: el Memento Park.

Es espectacular. Cuando sacás todos estos monumentos de su contexto original y les das espacio, brillan más todavía. Eso sí, atención: cuando llegás al Memento Park hay un statement muy fuerte que dice "esto es una crítica, no es un lugar de adoración".

Hay una exposición que cuenta toda la historia de los Budapest Kids, la Revolución de 1956 sofocada por los soviéticos. Si tirás un paralelismo, fue un caso parecido al de Ucrania, solo que la OTAN no ayudó, no reaccionó, y Budapest quedó bajo dominio soviético.

Entre las esculturas, al final, están las botas. Las botas del monumento de Stalin de 8 metros que tiraron abajo en la revolución de 1956. Están ahí, solas, imponentes.

Además de la exposición sobre la revolución y la transición a la república democrática, hay videos, un montón de cosas. Toda esta estética comunista genera fetiches. Hay un video de formación de espías que es increíble.

Cuando te vas, hay un Trabant, uno de esos viejos coches producidos en los países bajo dominio soviético. Decían que eran coches de plástico, y si lo tocás, realmente es plástico, no chapa ni metal. También los ves circulando en Berlín.

A mí me gusta toda esta estética, por eso me emociono. Pero creo que siendo objetivo, te lo recomiendo mucho. A mi mujer también le gustó mucho y no es tan fanática de esta estética como yo.

Qué comer (con advertencia para vegetarianos)

Budapest no es una ciudad fácil si sos vegetariano, igual que Praga. Toda la gastronomía húngara está muy apoyada en la carne. El gulash, las patas de cerdo, el codillo (lo que en Argentina llamamos garrón).

Una de las cosas que más me gustó son los lángos: un pan frito (lo que en Argentina llamamos torta frita) que es riquísimo. Arriba le podés poner crema, queso o más cosas. Es como una pizza individual. Como snack es espectacular.

También tomé muy buenos vinos. Y como souvenir, muy recomendable una salchicha húngara (kolbász).

Pero claro, imaginate una semana comiendo carne. No funciona. Así que te dejo en el mapa restaurantes que visitamos y nos gustaron mucho: uno ucraniano, uno turco, uno vietnamés, uno israelí, y por supuesto uno de gastronomía clásica húngara pero más elevado, donde nos atendieron muy bien. En este último hay que hacer reserva con anticipación, pero es muy bueno.

Mi conclusión (después de siete días)

Yo había visitado Hungría antes, zonas rurales, y tenía una imagen bastante sencilla del país. Budapest me pareció todo menos sencillo. Me pareció una ciudad muy sofisticada. Por lo menos en los lugares frecuentados por turistas se habla un inglés perfecto, fluido, muy bueno. Buena gastronomía, muy buen transporte (mejor que en Alemania, te lo repito).

Las visitas clásicas son excelentes, especialmente el Parlamento. Las visitas no tan clásicas, especialmente el Memento Park, me volaron la cabeza. La gente fue muy amable, nos hicieron sentir muy bien.

Para mí es un gran, gran destino. Con Budapest ya están casi todas las ciudades imperiales en el canal: Viena, Bratislava, Praga, ahora Budapest, un poco de Munich. Si vas a hacer un recorrido por Europa Central, este es el circuito.

Mi recomendación final: no te quedes solo con los lugares clásicos. El Parlamento es imperdible, sí, pero el Memento Park te va a dar una perspectiva de la historia del siglo XX que no vas a encontrar en ningún otro lado. Y si te gusta correr, la Isla Margarita a las 7 de la mañana es un regalo.