Llevo más de 18 años viviendo en Múnich y sus alrededores. Primero fueron 10 años en la ciudad, después me mudé al campo cercano. Y te confieso algo: hacer este post me resultó raro. Tuve que convertirme en turista de mi propia ciudad, caminar con ojos nuevos por calles que recorro casi sin pensar. A veces me tomo el S-Bahn sin rumbo fijo, solo para ver qué descubro. Te recomiendo que hagas lo mismo donde vivís, es un ejercicio fascinante.
Pero bueno, vos seguramente venís como turista de verdad, así que acá van mis consejos más honestos sobre Múnich. No es la típica lista de "qué ver" — es lo que yo le contaría a un amigo que viene por primera vez.
Del Aeropuerto al Centro: Tres Formas de Llegar
El aeropuerto de Múnich es el segundo más importante de Alemania después de Frankfurt, y durante años consecutivos ganó el premio al mejor aeropuerto de Europa. Es ágil, funcional, muy alemán en ese sentido. Un dato que poca gente sabe: tanto en aeropuertos como en estaciones de tren en Alemania hay supermercados. Antes de pasar el control de seguridad, antes de entrar a la zona de restaurantes carísimos, siempre hay un súper. Acordate de esto porque te puede ahorrar un montón de guita en agua y snacks.
Para ir al centro tenés tres opciones. La más popular es el S-Bahn (tren de cercanías). Hay dos líneas, ambas te dejan en la estación central. Salen cada 15-20 minutos dependiendo del horario. Es lo que hace la mayoría de la gente por default.
Pero a mí me gusta más el Lufthansa Bus. Tiene WiFi, vas viendo la ciudad mientras entrás por el norte, pasás por la cancha del Bayern Munich, recorrés el barrio de Schwabing. No vas en un túnel subterráneo viendo paredes, vas descubriendo Múnich desde arriba. También te deja en la estación central.
La tercera opción: alquilar un auto o contratar un transfer privado. Si son cuatro o más personas, ya casi que les conviene el transfer porque te deja directo en tu alojamiento y te ahorrás los tickets de transporte interno. Te dejo los enlaces en mi web.
Cervezas, Mezclas y el Arte de Empinar el Codo
Si venís a Baviera y no tomás cerveza, estás haciendo algo mal. Pero ojo, no todas las cervezas son iguales y conviene saber qué estás pidiendo.
La Helles es la cerveza rubia clásica, la de todos los días. Se vende en medidas de medio litro. Acá en el sur le decimos Helles, pero si vas a Berlín no digas eso porque nadie te va a entender — allá es simplemente "ein Bier". La marca más típica de Múnich es la Augustiner.
Después tenés la Weißbier (cerveza blanca), que en Berlín llaman Berliner Weiße. Es la que tiene más trigo, se sirve en un vaso largo y lo mejor es el final, cuando tomás todo ese sedimento del fondo. La Franziskaner es la más conocida internacionalmente.
La Dunkles es la cerveza negra, más espesa por el tostado de la malta. Y después tenés dos más fuertes: la Oktoberfestbier (6 grados) y la Starkbier (6,5 grados), que es la más potente de todas.
Pero las mezclas, las mezclas son lo más interesante. La Radler es lo que ustedes conocen como clara: Helles con limonada. Ideal cuando hace calor. La Russ es Weißbier con limonada, todavía más refrescante — yo la prefiero después de hacer deporte. Y la reina de las ocasiones especiales es la Dunkles Weizen: cerveza negra con Weißbier. Muy elegante, muy bávara. Yo la tomo con mi suegro en momentos importantes.
¿Dónde probar todo esto? En cualquier restaurante vas a encontrar la mayoría, pero lo ideal son los Biergarten (jardines de cerveza). Están por todos lados en Múnich y hay algo que poca gente sabe: podés llevar tu propia comida. Comprás la cerveza ahí, pero te llevás tus sánguches o lo que sea. Eso sí, probá el Obatzda, una mezcla de quesos riquísima que se come con pretzels.
El Centro NO es Marienplatz (o Por Qué Odeonsplatz Cambia Todo)
La mayoría de las guías te dicen que Marienplatz es el centro neurálgico de Múnich. Está el Rathaus (la alcaldía), todo el mundo se encuentra ahí, sí. Pero yo te propongo otra cosa: que tu centro sea Odeonsplatz.
¿Por qué? Porque Odeonsplatz funciona como hilo conductor de toda la historia de Múnich. Está súper bien conectada con trenes y buses, y desde ahí podés salir hacia los cuatro puntos cardinales y encontrar prácticamente todo lo importante.
Si vas hacia el norte, entrás al barrio de Schwabing, uno de los más lindos. Tenés la zona norte del Englischer Garten (el parque enorme que tenés que visitar sí o sí), la cancha del Bayern Munich, el campo de concentración de Dachau. Por la Leopoldstraße llegás a la zona universitaria, que es preciosa, y a la Siegestor (como un arco de triunfo).
Hacia el oeste está la entrada oficial al Englischer Garten, con el Hofgarten y la parte más señorial del parque. Tenés museos, el Congreso de Baviera. Para mí es la zona más linda del Englischer Garten, que son 400 hectáreas que todos usamos para correr, jugar al fútbol, pasear con el perro. Es el pulmón de la ciudad.
Hacia el sur vas caminando entre tiendas hasta Marienplatz. Ves, llegás igual, pero te ubicás mejor en coordenadas.
Y hacia el este, por la Brienner Straße, es donde se pone más interesante históricamente. Toda esta zona la construyó Luis I, abuelo del famoso "rey loco" Luis II. La Brienner Straße te lleva hasta el Palacio de Nymphenburg, la residencia de verano de la familia real. Nosotros en bici tardamos 20 minutos; ellos en carruaje tardaban horas.
Pero antes de llegar al palacio, sobre la Brienner Straße, vas a encontrar algo que muy poca gente visita y que para mí es fundamental: Königsplatz y los edificios del pasado nazi. Estos edificios eran el centro del partido nacionalsocialista. Hitler vino de Austria a estudiar artes acá, no entró, y bueno, ya sabemos cómo siguió la historia. El movimiento nazi empezó en el sur, empezó acá.
Los edificios se quedaron intactos, algunos con las balas en la pared. No los destruyeron porque hubiera sido casi una provocación. Algunos se usan — hay una escuela de música, si te acercás escuchás gente practicando. Otros están abandonados. Vas a ver una ventanita y un balcón: ahí estaba la oficina de Adolf Hitler. Al lado hay un museo, el Centro de Documentación del pasado nazi en Múnich, en un edificio blanco y cuadrado. Te recomiendo que vayas. Es parte de entender esta ciudad y este país.
Castillos, Lagos y el Rey Loco
La familia real de Baviera le debe mucho al patrimonio de castillos que tiene esta región. Luis I construyó la residencia de verano (Nymphenburg), y después su nieto Luis II — el famoso "rey loco" — construyó el castillo más conocido de todos: Neuschwanstein.
Es espectacular, sí. Dicen que Walt Disney se inspiró en él para el logo de Disney. La zona es preciosa. Pero te voy a ser honesto: por dentro no es gran cosa. Luis II se murió antes de terminarlo, entonces no hay ese patrimonio cultural enorme que sí tiene, por ejemplo, el castillo de Potsdam en el norte. Por dentro podés entrar a un par de salas, pero nada del otro mundo. Lo verdaderamente hermoso es por fuera y el entorno: los lagos, las montañas, todo el paisaje alpino.
Tenés varias formas de ir. La más fácil es contratar un tour desde Múnich — hay varios en español. Vas y volvés en el día, pero claro, hay mucho turismo. Es una de las zonas más visitadas de Alemania.
Si tenés auto propio, mi recomendación es que duermas ahí. Hay un hotel que se llama Hotel Müller (Müller es como decir Pérez acá, es el apellido más común del sur). Te quedás, ves el castillo a la tardecita cuando se va toda la gente, al otro día a primera hora sos el primero en estar ahí. Y sobre todo, podés recorrer los lagos de alrededor, que son lo más lindo de todo.
Si no tenés auto, tomá el tren hasta Füssen, la última ciudad de la Ruta Romántica. Füssen es una ciudad medieval preciosa. Desde ahí podés caminar hasta el castillo — son tres kilómetros por un sendero hermoso atravesando la zona de lagos. Te quedás una o dos noches, visitás tranquilo, y te volvés en tren a Múnich. Con el Bayern Ticket (el ticket de Baviera) podés viajar por toda la región por 22 euros. Si son más de una persona, el segundo paga menos. Es una ganga.
Otro castillo que me encanta es el de Herrenchiemsee, que está en una isla en el lago Chiemsee. El truco es el mismo: Bayern Ticket, te vas en tren, te cruzás en barquito a la isla, te quedás a dormir una noche (hay dos islas: Fraueninsel y Herreninsel), y al otro día temprano visitás el palacio solo, sin turistas. Los entornos naturales son espectaculares. El lago Chiemsee está al pie de los Alpes.
Alemanes: Manual de Supervivencia
Los alemanes son muy educados, hablan inglés, pero te van a corregir. Si hacés algo que no está socialmente bien visto o que va en contra de las reglas establecidas, te lo van a marcar. No te asustes, es normal. Me pasó mil veces y me sigue pasando.
Algunas cosas para evitar que te corrijan:
No camines por el carril bici. Múnich tiene muchísimos carriles de bicicleta y la gente anda muy rápido. Si te metés en el carril, en menos de un minuto vas a empezar a escuchar las bocinas: ring ring ring ring. Fuera, fuera, fuera. Además es peligroso.
Si alquilás un auto, mucho cuidado al doblar a la derecha. Mirá bien el retrovisor porque vienen las bicis como locas. Ellos tienen prioridad. Si no estás seguro y vas con un acompañante, que baje el vidrio y se fije si viene alguien. No paran, te lo aseguro.
Los scooters eléctricos están por todos lados y son una buena opción para moverte por Múnich. Pero siempre por el carril bici, nunca por la vereda. Y si no hay carril bici, por la calle con los autos.
En el transporte público, los que bajan tienen prioridad. Siempre. Esperás a que bajen todos antes de subir.
Y en los restaurantes, la propina se incluye en el total, no se da aparte. Si te sale 25 euros, le decís "cóbrame 27" o lo que sea. Como la mayoría de los pagos son con tarjeta, se redondea el valor y listo.
Qué Comer (Carnívoros, Bienvenidos)
La gastronomía alemana no es mundialmente conocida como la francesa o la italiana, pero tiene sus platos. Y te aviso: son carnívoros. Si sos vegetariano, no vas a encontrar nada especial por acá. Si comés carne, vas a encontrar muy buen cerdo. Pero muy buen cerdo.
Dos platos que tenés que probar: Schweinebraten (cerdo asado cortado en rodajas) y Schweinshaxe (la pata de cerdo). El Schweinebraten viene con Knödel, esas bolas de papa que seguramente viste alguna vez, y una salsita. Es muy rico, especialmente el borde de grasa que está como rostizado.
Pero la Schweinshaxe, la pata de cerdo, es lo mejor. Viene con el hueso, con la pata entera. En Argentina le decimos garrón — como lo que comían los Picapiedras. Toda esa grasita que se asa queda espectacular. Puede ser mucho para una persona, pero es riquísimo.
Para vegetarianos: Obatzda (ya lo mencioné), pretzels, y Käsespätzle, que son como ñoquis chiquitos con distintas variedades de queso. Muy rico también, un poco pesado. En realidad todo es un poco pesado.
El Oktoberfest: Estrategias de Supervivencia
El Oktoberfest es el festival folk más grande del mundo. Tres semanas de septiembre (sí, empieza en septiembre, no en octubre) en las que Múnich se llena de gente de todos lados. Cada año que voy sigo saliendo sorprendido por el movimiento, por la cantidad de gente, por lo internacional que es.
Lo difícil es conseguir un lugar para entrar. No es como un festival al que entrás y listo. Acá necesitás una mesa, un lugar donde sentarte. Generalmente las empresas invitan a sus empleados y ya tienen mesas reservadas. Si no tenés eso, tenés que hacer cola y nadie te asegura que vas a entrar.
Las carpas (le dicen tiendas, pero son carpas gigantes) son de cada marca de cerveza: Augustiner, Franziskaner, Paulaner, etc. Cada carpa puede tener 50 metros de largo tranquilamente. Adentro hay música en vivo, hace mucho calor, y todo el mundo toma. La medida mínima es un litro. Un litro de cerveza de 6 grados de alcohol. Conozco gente que se toma 10 jarras. Cuidado si no estás acostumbrado.
Si no vas con tu empresa, lo mejor es contratar un tour. Hay tours en español que te llevan, te aseguran la entrada a una carpa, y te explican todo. Es como una excursión al Oktoberfest.
Afuera de las carpas hay un parque de diversiones con montaña rusa y juegos, está bien, pero para mí la clave es entrar a una carpa. Ahí es donde pasa todo.
Tres Cosas Más Que Tenés Que Saber
El campo de concentración de Dachau: no es lindo, es muy triste, muy fuerte. Pero te recomiendo que vayas. Fue uno de los campos más chicos comparado con otros, pero no deja de ser horrendo e impresionante. Lo que te recomiendo mucho es que lo hagas con un guiado en español. Está todo traducido al inglés en los carteles, pero no es lo mismo. Cuando escuchás el relato, cuando alguien te cuenta cómo sucedió todo, es distinto. Cada vez que voy a un campo de concentración intento engancharme con un guiado porque cambia completamente la experiencia.
Los surfistas del río Isar: hay una zona del río donde se formó una ola artificial por un embalse. Está prohibido hacer surf ahí, los carteles lo dicen bien claro. Pero no importa, los surfistas van igual. Todo el año, incluso en invierno con nieve, con luces. Es espectacular verlos. Si vas al Englischer Garten, te dejo el punto exacto en el mapa de mi web.
Los mercados navideños: si venís a finales de noviembre o en diciembre, los mercados navideños son imperdibles. No es un mercado de pulgas ni de compras, es para ir a comer y tomar. Hay dulces, finger food, street food. Y lo típico es el Glühwein, vino caliente. Te abrigás bien, vas con amigos, tomás vino caliente que te calienta por 15 minutos, después tenés frío de nuevo y tomás otro. Así funciona.
Mi Recomendación Final
Múnich es una ciudad hermosa, segura, elegante y cara. Sepanlo. No es barata. Pero vale cada euro que gastes. Es una ciudad que todavía conserva ese aire de capital de provincia a pesar de tener 1,5 millones de habitantes. Se puede recorrer a pie tranquilamente.
Si tenés tiempo, no te quedes solo en la ciudad. A una o dos horas máximo tenés Salzburgo, Garmisch, Rothenburg, Núremberg, los lagos. Con el Bayern Ticket podés moverte por toda Baviera por muy poca plata.
Y sobre todo, no te quedes solo con lo turístico. Caminá por la Brienner Straße hasta Königsplatz, metete en el Englischer Garten un domingo a la mañana, sentate en un Biergarten con tu propia comida, andá en bici por el Isar. Eso es Múnich de verdad.
Yo llevo casi 20 años acá y todavía me sorprendo. Todavía descubro cosas. Esa es la magia de esta ciudad.